Estrés: Síntomas, Causas y Tratamiento

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¿Qué es el estrés?

El estrés es una reacción fisiológica de nuestro organismo donde entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o que requiere especial atención. Esta reacción aparece cuando una persona sufre un estado de tensión nerviosa, que puede ser el producto de diversas situaciones en el ámbito laboral o personal: exceso de trabajo, ansiedad, situaciones traumáticas que se hayan vivido, etc.

El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, aunque hoy en día puede convertirse en una patología cuando este mecanismo de defensa puede acabar, bajo determinadas circunstancias frecuentes de ciertos modos de vida, desencadenando problemas graves de salud.

Síntomas del estrés

Cuando esta respuesta natural del organismo se da en exceso, se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo humano y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano.

Los síntomas más comunes son los olvidos, alteraciones en el ánimo, nerviosismo y falta de concentración. Si el estrés no se controla y se convierte en crónico, puede provocar crisis de llanto, depresión, y diversas afecciones físicas.

Además, en las mujeres el estrés puede producir cambios hormonales importantes y dolores abdominales inferiores, entre otros síntomas.

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Causas del estrés

Al ser una reacción natural de nuestro organismo, el estrés puede estar provocado por muchas situaciones cotidianas. Dependiendo del ámbito o las causas que lo provoque, existen varios tipos de estrés: normal, patológico, crónico, estrés post-traumático, estrés laboral, etc.

El estrés normal es el provocado por algunas situaciones difíciles que tenemos que afrontar y superar, y lo podemos experimentar en alguno o varios momentos de nuestra vida. De hecho, ese estrés nos puede ayudar a superar esas situaciones.

El estrés crónico es el que está provocado por distintas situaciones que se presentan de modo intenso y por periodos prolongados, y si no sabemos encauzarlo bien puede convertirse en un estrés crónico y nocivo que puede llegar a ser preocupante.

El estrés laboral aparece cuando las exigencias en el ámbito laboral superan los recursos, las capacidades y/o las necesidades del trabajador, y provoca en éste un conjunto de reacciones nocivas, emocionales y físicas.

La causa del estrés post-traumático es la vivencia de algún tipo de suceso aterrador, como puede ser un accidente de tráfico o un desastre natural. Como consecuencia de estos traumas, la persona que lo ha sufrido tiene pensamientos aterradores con frecuencia, relacionados con la situación que vivió. Aunque este tipo de estrés puede aparecer en personas de todas las edades, son los niños los que son particularmente propensos a sufrirlo.

Tratamiento del estrés

A continuación te presentamos los mejores remedios caseros para el estrés que hemos recopilado.

Nuestros remedios para el estrés pretenden ayudarte a estar informado, pero nunca deben sustituir una consulta médica. Es fundamental que consultes a tu médico sobre este o cualquier otro tratamiento natural, así como posibles contraindicaciones o incompatibilidades.

Alimentación / dieta del estrés

El ritmo de la vida diaria, la falta de tiempo para cocinar y la oferta cada vez más amplia de comida pre-cocinada o ya elaborada, hacen difícil llevar a cabo una dieta sana y equilibrada, lo que pone al cuerpo en un estado de estrés físico disminuyendo así la capacidad para hacerle frente al estrés emocional.

Una buena alimentación es la base para combatir el estrés, prestando especial atención a los tiempos de comida y a intentar hacerlo de una forma tranquila y sosegada.

Hay determinados alimentos que te pueden ayudar, ya que influyen en el correcto funcionamiento del cerebro para incluirlos en la dieta. Estos son: los cereales y las legumbres (contienen vitaminas del complejo B, que participan en importantes reacciones del sistema nervioso), las frutas y hortalizas (protegen al cerebro por su alto contenido de varios antioxidantes), las carnes (aportan proteínas de alto valor biológico; además, las rojas aportan hierro -un mineral que ayuda a transportar el oxígeno al cerebro-), el pescado (aporta ácidos grasos omega 3, un nutriente esencial y necesario para un adecuado desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso; además contienen fósforo, un mineral de vital importancia en las membranas celulares); los aceites y frutos secos (contienen vitamina E, un potente antioxidante que protege a las neuronas de los radicales libres y son fuente de ácidos grasos esenciales -omega 3, 6 y 9-, sustancias que ayudan a mejorar la comunicación entre neuronas).

Los alimentos que deberías evitar en este caso son los excitantes, como café y el té, además de los que resulten tóxicos, como el alcohol. Debes disminuir el consumo de sal, para no aumentar tu presión arterial y beber abundadntes líquidos.

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